Resaca y esperanza.

El calvario de los delgados

Me dejé capturar inocentemente. No soy corpulento ni fuerte y estoy excesivamente delgado. No sabía quiénes estaban detrás de la operación ni cuáles eran sus motivos. Evidentemente no se trataba de aficionados, estaban perfectamente organizados. Tenían dinero y contactos, de eso no había duda. Nos cogieron a muchos a la vez, éramos una multitud. Nos agruparon por constituciones y alturas similares. Los anchos y bajitos en un grupo, los muy pequeños en otro, A mí me pusieron con el resto de altos y delgados, como no podía der de otra manera. Nos metieron en una especie de recintos minúsculos, con paredes semitransparentes, sin apenas ventilación. Apretados como sardinas, chocando unos cuerpos contra los otros. Notábamos como nos trasladaban de lugar a lugar sin sacarnos del pequeño espacio donde convivíamos apelotonados. Imaginábamos que estábamos en una especie de contenedores móviles pero nadie se dirigía a nosotros para decirnos nada. Estábamos tan asustados que apenas hablábamos entre nosotros.

Finalmente un día, después de un corto viaje, abrieron las puertas de la que había sido nuestra prisión. Unos pocos de nuestro grupo que consiguieron escapar acabaron precipitados sobre un pavimento frio y liso, como de mármol. No volvimos a saber de ellos. Vimos una especie de depósito enorme con altas paredes metálicas que contenía agua burbujeante y desprendía un suave oler a laurel. Por fin algo agradable! Habrá recompensa por el horror de tantos días de encierro? Fuimos literalmente lanzados a los aromáticos baños. El primer contacto con el agua no fue todo lo agradable que esperábamos. Estaba demasiado caliente, acabamos todos con el cuerpo reblandecido y debilitado. Ya no teníamos capacidad de reacción y nos hicieron circular sobre un suelo enrejado donde nos secamos como pudimos. Poco después y sin contemplaciones fuimos rociados con agua fría. No entendíamos nada. Ninguno habíamos escogido visitar ese desagradable balneario. No sabíamos que mal habíamos hecho ni porque nos estaba pasando todo aquello. Nos devolvieron al depósito de agua que ahora ya estaba vacío. El suelo estaba hirviendo y nos empezaron a lanzar productos encima que no éramos capaces de reconocer. Nos revolvieron con palas y nos hicieron girar los unos sobre los otros y de un lado para otro. A estas alturas estábamos todos desmayados languideciendo en un enredo de cuerpos. Recuerdo un agradable olor a albahaca y poca cosa más. Solo deseaba que todo terminara, acabar con ese infierno. Así se lo dije a un compañero:
Qué va a ser de nosotros? Por qué nos están haciendo esto? Solo falta que nos descuarticen.
-Eso nunca se sabe. Lo más probable es que terminemos enrollados en alguna horquilla metálica antes de ser triturados por una asquerosa mandíbula, digeridos y excretados en forma de boñiga. A partir de aquí, deseémosles más suerte a nuestras moléculas en sus nuevos ecosistemas y no dejemos de estar contentos por nuestra suerte. Nos han cocido al dente y nos han servido con pesto. Es lo máximo a lo que podemos aspirar los tristes espaguetis.
Puedo contar todo esto porqué el repelente niño de la familia me dejó en el plato junto a otros colegas. He tenido la suerte de venir a parar a este vertedero con vistas al mar donde gracias a un lápiz y un papel, que también llegaron hasta aquí, he podido dejar constancia de mis últimos días.


Fotografía del blog de Lobo Tuerto http://lobotuerto.com/blog/

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