Resaca y esperanza.

Vaya nochecita

Era un viernes de invierno, cerca de las 7 de la tarde, me disponía a marchar de la oficina y mi socio me pidió un favor de última hora: Pasar a recoger la documentación de un cliente que no vivía lejos de mi casa, aunque en una urbanización de esas colgadas en la montaña. Pasadas las principales calles de la urbanización todavía circulé durante un buen rato por una carretera oscura, llena de curvas y de pendiente pronunciada, hasta que el GPS del coche me indicó que ya había llegado. Hay que estar loco para querer vivir en estos sitios! Vi las luces de la que debería ser la casa que buscaba. Una valla me impedía el paso y me obligó a aparcar en un pequeño llano cercano. Bajé del coche y otro vehículo, que no había visto, arrancó su motor y pasó a dos metros de mí como si acabaran de dar la salida del rally de Montecarlo. Me repuse del susto. Intentaba ver por donde acceder a la vivienda cuando el grito de socorro de una mujer me dejó paralizado. Miré a los lados y me dirigí hacia el lugar de donde había salido el coche. No me costó ver de dónde venía el grito, Socorro, por favor, ayúdeme!. Una mujer completamente desnuda y atada al tronco de un árbol por los pies y las manos me miraba aterrorizada. No era una mujer normal, parecía salida de la portada del playboy. Tenía una cara preciosa y las curvas más sugerentes que hubiera visto en mi vida. Me acordé del chiste: Chica hoy no es tu día, hubiera podido decirle, al tiempo que me bajaba la bragueta. Afortunadamente no me han educado de esta manera. Con el fuego de mi encendedor la liberé de las cuerdas con que la habían atado. No parecía que hubieran llegado a hacerle daño. La cubrí con mi chaqueta y ella me abrazó inmediatamente, apoyo su cabeza en mi hombro y con los ojos llorosos me dio las gracias. No tuve tiempo de responder. Oí el motor de otro coche que se nos venía encima, a la misma velocidad que el primero.
La chica me apartó de un empujón, se desprendió de la chaqueta y ahora me insultaba y me acusaba a gritos de estar agrediéndola. Del coche salieron dos tipos altos y fuertes que se identificaron como policías, me esposaron y me metieron en la parte trasera de malas maneras. Vi como llegaba otro vehículo, este más lentamente, sus ocupantes se hicieron cargo de la chica que ahora lloraba desconsoladamente. Uno de los tipos se sentó en el asiento del conductor y el otro en el asiento trasero junto a mí. Me forzó para ponerme una funda de tela en la cabeza, de poco sirvieron mis quejas y explicaciones. Me golpeo en la frente y en el cogote repetidas veces con la mano abierta y dijo no querer oír nada en todo el camino. Pensé que en cualquier momento me despertaría de la pesadilla. No fue así. Fueron unos 30 minutos de trayecto, después detuvieron el vehículo y también me sacaron a empujones. Sin quitarme la capucha entramos en un edificio, pues oí el abrir y cerrar de las puertas y me lanzaron al suelo de una celda vacía y sucia al tiempo que me libraban del trapo que me cubría los ojos. Allí solo había un viejo colchón y un orinal oxidado. Apenas había luz. Empecé a gritar para que viniera alguien a darme explicaciones. Al poco tiempo se acercó un hombre gordo vestido de policía. Me mandó callar, que no estaba solo y que ya era tarde. A la mañana siguiente ya me dejarían hacer una llamada. Violador hijo de puta, en la trena recibirás tu merecido, te pondrán en tu sitio y te pagaran con tu propia moneda, me dijo.No podía creer lo que me estaba pasando. Cerraron todas las luces, me tumbé en el colchón y me quedé maldiciendo mi mala suerte. Deberían pasar 3 o 4 horas cuando escuché abrirse la puerta de la celda. Volvían a ser los mismos tipos que me habían traído. Me levantaron, me volvieron a poner la capucha, me sacaron del edificio y me hicieron entrar de nuevo en el coche, ahora con corrección y sin malas maneras. Me dijeron que todo había sido un error y que lo sentían. Me devolvieron la chaqueta con las llaves, móvil y documentación. No pongas ninguna denuncia me dijeron, será mucho peor. Me quitaron la capucha de la cabeza, me habían dejado a cinco metros de la puerta de mi casa. Increíble! No entendía nada. Abrí la puerta y cuál fue mi sorpresa por lo primero que vi. Levantándose del sofá, con mi albornoz puesto y el pelo todavía mojado, la chica del árbol se dirigía seductoramente hacia mí con una sonrisa tímida y sensual y cara de no haber roto nunca un plato. Dejó caer el albornoz al suelo y me dijo que esperaba que la pudiera perdonar, que ahora podía hacer con ella lo que más me apeteciera. La miré de arriba abajo, era perfecta, me lo pensé un segundo, pensé en derribarla de un puñetazo pero finalmente opté por besarla, una sola vez. Al momento, saliendo de sus escondites, aparecieron mis cuatro mejores amigos. Feliz 40 aniversario con 3 meses de retraso!! Gritaban y reían descontroladamente de borrachos que estaban. Sonó la música y lanzaron serpentinas con botes de espray.

Dejé a mis amigos jugando al mus con la prostituta y, sin decir nada, fui a la habitación donde tengo el ordenador. Estaba nervioso, ya no podía esperar más. Descargué el correo electrónico y, por fin, había llegado lo que llevaba semanas esperando. Una gran compañía americana acababa de aceptar nuestro presupuesto para contratar los servicios de mi empresa. A ver si por fin daremos con el filón y lograremos salir de la puta crisis. Me entretuve con el resto del correo, nada importante. Salí para festejar el éxito con mis amigos, esto si era un motivo de celebración. Ya estaban todos dormidos, repartidos por el comedor, con su semicoma etílico. La chica del árbol se había marchado, me supo mal.
Eran las 7 de la mañana, puse el televisor y me quedé mirando a un tío cachas que vendía maquinas de gimnasio para quien quisiera parecerse a él. Pensé que yo debería comer algo. A las 9 de la mañana tenía un partido de tenis y me jugaba la clasificación para la final. Quizás no sea bueno este tute, pensé. Tendré que cambiar de amigos y buscarme una novia formal, ya no tengo 20 años, ya no estoy para estos trotes.  

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