Resaca y esperanza.

Bartolo, un tipo peculiar.

Bartolo era un tipo peculiar. No solo tenía pocos amigos sino que sentía un desprecio considerable por el resto de su congéneres. Igual que existe gente que no soporta a los perros, Bartolo no soportaba a la gente. Estaba fumando un cigarrillo tranquilamente en la terraza de un bar y, con cara de asco, observaba a la gente que circulaba por la calle. Es invierno y las estufas exteriores funcionaban a todo gas. Bartolo pensó en la nueva ley antitabaco que se empezaba a aplicar en enero del 2011, y que esta haría proliferar enormemente la presencia de estufas en espacios exteriores para mantener calentitos a los fumadores como él. Es lo que nos faltaba se decía: Bartolo pensaba para sus adentros, en cursiva y entre comillas:


-En verano las grandes cafeterías mantienen las puertas abiertas con los aires acondicionados a toda máquina y en invierno procuramos calor en el exterior. Todo muy correcto ecológicamente hablando. No, si está claro que las decisiones que toman nuestras autoridades están todas pensadas para proporcionarnos un mundo mejor en el que vivir. Nada pues, que no cuenten conmigo, si no piensan prohibir también las estufas exteriores y lo aires acondicionados de puertas abiertas, se vayan yendo todos a tomar por el mismísimo culo.Mira esos dos maricones agarrados de la manita. A mí que no me digan lo que tengo que hacer a partir de ahora y que se piensen mejor las consecuencias que tendrán las putas leyes prohibicionistas con que nos premian cada dos por tres. Así pues, a las puertas de una crisis energética global, que vayan tomando medidas encaminadas a consumir más recursos fósiles, a la destrucción de la capa de ozono o la aceleración del cambio climático. Me la suda. Quiero que reviente el planeta antes de que el cáncer acabe conmigo. Mira esas dos pijillas vestidas como putas, luego dirán que van a la discoteca porque les gusta bailar. No pienso mandar jamás a reciclar ni las pilas ni los medicamentos. Voy a cambiar mi coche de bajo consumo por un inmenso 4X4 tipo hummer. Va a reciclar su puta madre. Voy a mezclar las latas de cerveza con los restos del pollo. Voy a comprar al supermercado los productos con embases más grandes y menos biodegradables. Hasta el punto verde va a ir el puto alcalde en su furgoneta. Pienso ir a tirar los electrodomésticos y somieres a la riera más cercana cuando nadie me vea. Tiraré por la ventana, a la cabeza de los transeúntes, los infinitos flanes de plástico que deja la cafetera que me vendió George Clooney. Cambiaré mis luces domesticas de bajo consumo por otras que consuman el triple. Voy a llenar la bañera todos los días. No cerraré el grifo mientras me cepillo los dientes. Voy a asustar con mi inmenso vehículo a los usuarios del bicing. Voy a soltar el máximo de metano por donde ya saben. Voy a mandar a la atmosfera CFC en forma de lacas, aire acondicionado y todo lo que encuentre a mano. Voy a cazar especies protegidas y voy a hacer un pesebre con musgo que arrancaré de las montañas. Me voy a hinchar a pescadito y chipirones minúsculos siempre que me venga en gana. Voy a cambiar mi tabla de surf por una muy ruidosa y contaminante moto de agua que de por saco a los bañistas. Respecto a mi propio cuidado personal, voy a fumar mucho más, también en bares, restaurantes y ascensores si me apuran. Y comeré tantas grasas animales y vegetales como me venga en gana y desayunaré ensaimadas y chuchos, con whisky, todos los días. Demostraré que, aun y así, puedo estar más delgado que el Dr. Fuster. Simplemente porque los putos políticos prohibicionistas, me ponen nervioso y el estrés a mi me adelgaza mucho más que la dieta. Porque me revientan los herederos de los capellanes, que no dejan hacer nada, predican tonterías a diario y ponen reglas imposibles. Circular a 80 km/h por una autopista de tres carriles es tan o más difícil que no tener pensamientos impuros.
Bartolo se estaba haciendo una paja mental inmensa él solito. Sin necesidad de que nadie le animara:

-Por esto a partir de ahora voy a tener una actitud destructiva con el planeta, lo mataré a pellizcos porque no tengo capacidad para más. Viva el cambio climático!, que nos mate a todos de una vez, que nos inunde o nos deje como chicharrones. Dejemos esta gran pelota que es la tierra peladita de nuevo, sin vegetación ni fauna de ningún tipo. Ni políticos, ni subnormales presentando telebasura, ni tertulias futbolísticas de tres horas mientras medio mundo se muere de hambre. Que la Tierra vuelva a empezar de cero sin mí y sin ningún otro subnormal de los que veo por todas partes. La humanidad no es indispensable para la Tierra. Así pues, hasta que llegue el final del mundo, o el mío propio, sirva todo el dinero que me están embargando en multas para paliar el gasto que pueda ocasionar a la sanidad pública y, ya puestos, que sean los putos bancos, con sus beneficios descomunales, los que se hagan cargo de los desperfectos de nuestro hermoso planeta. Será positivo que mueran todos los políticos ecologistas, los arquitectos, los controladores aéreos, los fanáticos del futbol, los patriotas, los fascistas y los comunistas de mierda, los tertulianos de chorradas. Todos. Que se mueran todos. Todos los que tienen cuenta en tweeter y en facebook. Los que hacen blogs de mierda, los ejecutivos de las multinacionales y los holgazanes sindicalistas, a estos que los quemen como a brujas. Que se mueran los garrulos y los horteras, los que creen en el tarot, y ya de paso los maricones, los moros, los chinos y los negros, y que se mueran también los putos racistas. Los listos y los tontos que se mueran también junto a mí y yo descansaré tranquilo.
Bartolo pensó que tendría una crisis de ansiedad. Se le iba mucho la olla. Decidió bajar Rambla abajo hasta el mar, a ver si se tranquilizaba. Oyó un alboroto y gente que se dispersaba, y allí en mitad de la callé, a menos de diez metros delante de sus ojos, cinco jóvenes pateaban a otro menos joven al grito de maricón de mierda te vamos a matar. La gente se dispersaba procurando no mirar demasiado. Los agresores no parecía que tuvieran intención de cesar el linchamiento. El hombre del suelo intentaba cubrirse la cabeza de los golpes como podía, ahora con una mano ahora con las dos, para no descubrir los genitales. Bartolo no pudo soportar el espectáculo y salto en defensa del hombre ya semiinconsciente, recriminado y apartando a golpes a los agresores. Recibió tres puñaladas mortales. Sus asesinos huyeron corriendo en diferentes direcciones y el quedó tendido en el suelo junto a la persona a la que acababa de salvarle la vida. Sus últimas palabras fueron para presentarse.
-Cómo te llamas? Eduardo dijo el señor. Te debo la vida y tú?
-Yo no, dijo Bartolo. Sonrió y, satisfecho, cerró los ojos para siempre.
La familia de Bartolo tenía un nicho en el cementerio de Montjuich y allí fue a parar su cuerpo. Casi nadie lamento su muerte. Le pasó por meterse donde nadie le llamaba, comentaba la gente. Bartolo era un mierda que no podía terminar de otra manera, decían sus conocidos.
Han pasado más de treinta años des de aquel triste suceso y por primera vez, el día de Todos los Santos, nadie ha colocado una rosa roja junto a la lápida de Bartolo. Hoy ha muerto Eduardo, ya mayor. Él nunca pensó que Bartolo fuera peor que el resto de la gente que circulaba por la Rambla ese día.

(La imagen es de Quino)

Comentarios