Resaca y esperanza.

El salto

La primera vez que decidí saltar desde una plataforma a 500 metros de altura tuve muchas dudas. No soy un tipo valiente. Me pudo la presión de la gente que aguardaba abajo y me animaba a hacerlo. Oía sus voces en la distancia: que salte, que salte, que salte Habría un grupo de diez o doce personas contemplando el espectáculo, no más. Siempre he sido muy influenciable y extremadamente vanidoso. No habría soportado quedar como un cobarde delante de todos ellos. No quería dar media vuelta y regresar por donde había subido. Antes la muerte que la vergüenza, me dije. Otro joven aguardaba mi salto a menos de dos metros. Él ya estaba decidido a saltar detrás de mi. En su cara no aprecié ni pizca de miedo. Esperaba paciente a que yo desapareciera en el vacío para ocupar mi posición. Seguramente ya lo había hecho otras veces y pensaba repetir. Saltar desde esta altura debe producir un placer extremo. Debe enganchar para siempre una vez lo has hecho. Me ha pasado con otras cosas. Tengo miedo la primera vez pero luego disfruto repitiéndolo. Esto es mucho más difícil pero no tiene porque ser distinto. Además, si me mato tampoco es tan grave. He hecho testamento y no tengo hijos. He vivido una vida plena y feliz. Pocas cosas me quedan por hacer y tampoco creo que nadie me vaya a echar mucho de menos. Una, dos y tres, ahí voy.
Fiuuuuuuuuuuuuuuuu!
Relajo mi mente, abandono todos mis pensamientos y me concentro en el vuelo. Llevo meses preparándome para la gran caída. Se que puedo hacerlo. Se que puedo aterrizar suavemente, como lo haría una águila. No quedaré espachurrado como insecto contra el parabrisas como les ha pasado a otros que lo han intentado antes. Caeré ligero, puedo controlar mi peso, soy como una hoja que planea en el aire, la fuerza de la gravedad no me afecta porque estoy entrenado para ello. Que enorme placer controlar y vencer los principios de la física. He logrado un aterrizaje perfecto. Me he preparado bien y lo he conseguido. Mejor imposible.
Esperaba ser recibido por el grupo de gente que me habían animado a lanzarme pero ya nadie estaba allí esperando ver mi caída. Me hubiera gustado que me vitorearan y me aplaudieran pero en absoluto fue así. Al ver que controlaba el salto no habrán tenido paciencia para verme llegar al suelo. Tuve que felicitarme yo mismo. Mi propia satisfacción. Lo había hecho porque quería y este era el premio. Estoy acostumbrado a la poca atención de los otros pero eso no impidió que me sintiera triste. Pensé que llamaría a alguno de mis pocos amigos para explicarles mi hazaña. Pensé que la próxima vez saltaría con una cámara y lo colgaría en Facebook..
Tuve la gentileza de esperar a que el otro saltador llegara al suelo para que al menos él no se encontrara solo al llegar y pudiera comentarlo con alguien. Era un superclasse. Bajó dando volteretas y haciendo piruetas en el aire para terminar con un aterrizaje perfecto con los brazos en alto, como un gimnasta. Me sonrió y me dijo que llevaba tiempo haciéndolo. Me felicitó por mi salto y quedamos que nos veríamos en otra ocasión. No pasó mucho tiempo cunado hice un segundo salto que me hice gravar. Mandé el video a varias agencias. No interesó. En Facebook recibí dos me gusta y un comentario de un conocido que decía cada día estas más loco chaval.
Pasado prácticamente un año me sorprendió que todos los medios de comunicación del país, prensa, radio y televisión amanecieran un día con la noticia de que un famoso personaje de la farándula había sido capaz de saltar desde 200 metros de altura y aterrizar sin hacerse daño. No se hablaba de otra cosa. Enseñaban imágenes del salto, mediocre por cierto, con un público de miles de personas asistiendo al gran espectáculo patrocinado por una conocida marca de refrescos. El famoso se cansó de dar entrevistas, recibir premios y reconocimientos de todo tipo. A parte de divertirse saltando, ganó más dinero todavía.

PRIMER FINAL POSIBLE
Hoy pienso en el chico que saltó detrás de mí. Él le daba mil patadas al tipo este, y yo tres o cuatro. Tengo ganas de matar a alguien, pero sé que no debería. Así son las cosas. La cultura del esfuerzo os la podéis meter por donde os quepa. Si. Mejor mato a alguien. No. Lo importante es la satisfacción personal. Qué hago en este centro comercial con un lanzagranadas? Lo siento se que vosotros no tenéis la culpa pero hoy saldréis en la tele conmigo.

SEGUNDO FINAL POSIBLE
Yo no volví a saltar. Pensé que el éxito en la vida es una puta lotería y me olvidé del tema hasta hoy.
Han pasado tres años y, casualmente en una reunión de trabajo, he coincidido con el joven que conocí el día de mi primer salto.
-Has seguido saltando? -Me ha preguntado.
-No
-Hay que practicar si quieres ser bueno -Yo no he parado, me ha dicho.
-Para qué? Para que un subnormal analfabeto se lleve todos los honores?
.-Deja a los papanatas que se diviertan y hagan colas en los aeropuertos. -Llámame y quedamos un día en el acantilado- Ha dicho con una sonrisa de oreja a oreja al tiempo que me entregaba su tarjeta de visita.
Me ha sorprendido relativamente poco cuando, desde la séptima planta donde nos encontrábamos, ha salido volando por la ventana como el más ligero de los pájaros.

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