Resaca y esperanza.

La tapa del váter

Tengo que reconocerlo, nunca bajo la tapa del váter. Se que a muchas personas, especialmente del genero femenino, les parecerá un comportamiento despreciable, sin embargo no es un hábito infrecuente del macho humano. Los machos humanos somos un animal como cualquier otro con la diferencia que generalmente andamos vestidos. Es posible ver algún miembro con únicamente jersey de lana, sin zapatos, pantalones ni calzoncillos pero, si andan a cuatro patas y llevan un correa alrededor del cuello probablemente se trate de un perro. Me estoy desviando del tema. A lo que íbamos. No bajo la tapa del váter por varios motivos. El primero es porque si la bajo luego la tendré que volver a subir, y desde pequeño me han educado para optimizar esfuerzos. El segundo, la tapa del váter, aunque sean las propias y familiares, limpias del todo no lo están nunca. De las no familiares, bares, centro comerciales, cines, no voy a hablar en este escrito. A saber que culos se han sentado allí y las gotas de quien se han paseado por el plástico. Porque no nos engañemos, cuando uno no es muy bajito y tampoco gasta el troncho de Nacho Vidal, la punta del pene suele quedar bastante por encima de la taza. Luego si el orificio del glande tampoco es del todo regular, ni se dispone de la fuerza prostática de un adolescente, lo que debería comportarse como una manguera a presión más bien actuará como un viejo y barato teléfono de ducha, consiguiendo salpicar tanto la taza entera como el resto del baño. Hay personas, e incluso algunos humanos, que al haber estado educados en familias refinadas somos capaces de pasear un poco de papel por encima la tapa y limpiar las gotas allí presentes. No tanto por una cuestión de higiene si no más bien para que el siguiente en entrar no relacione las gotitas allí presentes con la propia persona de uno mismo. Algunos deberían ir directamente a por la fregona, me consta que son pocos los que lo hacen.
Todavía son menos los asexuados que, para orinar, se sientan como las mujeres, con el objetivo de ahorrarse trabajo posterior. Si a la enorme dificultad que representa para un humano macho normal y corriente orinar en este tipo de dispositivos pensados a todas luces por y para el genero femenino, le añadimos el cada vez mas frecuente insomnio al que nos está llevado la vida moderna, creo poder afirmar sin miedo a equivocarme, que no somos pocos los que nos levantamos en repetidas ocasiones por la noche con la obligación de descansar la vejiga. Pues si ya es difícil en pleno uso de nuestras facultades físicas y mentales, con todos los sentidos atentos al proceso de orinar, imagínense lo complicado que se puede volver realizar la misma operación a las 3, 4 o 5 de la madrugada, con la luz apagada para no despertar al resto de la familia y con la cabeza embotada por el sueño. Encontrase con la tapa bajada en este momento, como opción más probable nos llevará a orinar directamente encima del plástico, provocando la correspondiente mini inundación y su consecuente riesgo de resbalación. Más difícil todavía resulta cuando uno se levanta alegre de verse, con su manguerita rígida apuntando a la luna, lo cual le obligará a tratar de describir la parábola perfecta durante todo el proceso de micción. Teniendo en cuanta que la fuerza del surtidor no es la misma al principio que al final de la operación, habrá que realizar un desplazamiento de pies ultra preciso, tan medido al milímetro que a ni a Pau Gasol lo veo capaz aunque le pongan la taza adaptada a su altura. Añadamos la dificultad que supone el mismo proceso cuando uno se ha acostado con unas cuantas copas de más, que es lo que habrá hecho en fin de semana cualquier ser humano que se precie, o que venga de la fiesta de Blas. Si alguien me pudiera demostrar que en estas condiciones es capaz de no derramar una sola gota, le animo inmediatamente a montar su propia academia. Seguro que el Ministerio de igualdad le ayudaría con sus subvenciones.


Ante este panorama mi propuesta consiste en apostar seriamente por la opción más segura para todo el mundo, y solidaria con el resto de la familia, que consiste en dejar la taza del wc para los residuos sólidos y dirigirse directamente a la bañera para orinar. En la bañera usted no puede fallar. Si hace falta nos meteremos dentro y luego nos ducharemos. Yo ya suelo hacerlo para comer melocotones de agua. Me desnudo, me meto en la bañera y me los como tranquilamente. Luego me enjuago con agua. Ahora bien, como entiendo perfectamente que nadie va a querer dejar sus deyecciones en el mismo sitio donde se lava sus propios hijos, mi propuesta es la siguiente. Construir una segunda bañera en casa, servirá perfectamente un plato de ducha. Y aquí es donde yo quería llegar. Si todas la familias optamos por esta solución y decidimos poner un segundo plato de ducha o bañera en casa, conseguiremos que se recupere nuestro maltrecho sector de la construcción y acabaremos así con la puta crisis del estado espàñooooool.
Un beso enorme a todas mis mujeres que las quiero mucho, aunque me bajen la tapa del váter.    

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